N/T: el siguiente texto se produce como respuesta a tanyeezy, quien argumentaba que a la hora de criticar el porno y la prostitución no podíamos dejar de lado a las personas que entran en la industria del sexo por voluntad propia. Podéis leer lo que dijo aquí. Como es un argumento bastante abusado y una idea repetida hasta la saciedad por personas a favor de esta industria, he decidido traducir la respuesta que le dio lesbian-lily, una ex-trabajadora sexual. [Traducción: californiassays].

La totalidad de la industria del "sexo" (violaciones, abusos y traumas más bien), esta basada en la manipulación y la explotación. Es una industria construida sobre una cultura que objetifica, sexualiza, infantiliza y convierte en fetiche  el cuerpo de las mujeres y el de les niñes. Es una industria edificada sobre la idea de que el consentimiento puede ser comprado, es una industria donde el consentimiento se puede negociar. Esto es manipulación y coacción; el consentimiento no puede ser comprado ni negociado. El consentimiento nunca se puede dar de manera libre mientras haya dinero de por medio. Esto es violar. La industria del sexo no es "feminista", no es "empoderante" y arrastra serias consecuencias para todas las mujeres y en especial, para las mujeres de color, las mujeres de la clase trabajadora, las mujeres de baja clase y otras mujeres que están en una posición increíblemente vulnerable respecto a la cultura de la violación perpetuada y soportada por la prostitución, la trata y la pornografía (por ejemplo, las supervivientes de abusos sexuales infantiles/incesto, las supervivientes de la violencia machista que no tienen modo de obtener financiación para sobrevivir después de dejar a sus parejas abusivas; o aquellas que sufren de una enfermedad mental o una adicción).

Te estás olvidando (N/T: le habla a tanyeezy) también del papel que juega la disonancia cognitiva[1]. No hace mucho, yo misma me hubiera contado como parte de ese 8%[2] (porcentaje de mujeres en la industria por voluntad propia), a pesar de haber sido traficada. Sobrevivir a la industria del sexo, seas traficada o no, requiere una disociación severa, requiere una gran desconexión de los traumas violentos y humillantes que tenemos que vivir a diario. Finalmente se llega a un punto en el que sí, dirás que te encanta, que quieres eso, que es el mejor trabajo que has tenido, que te hace sentir sexy, que es empoderante, que es algo que has escogido y te gusta. Porque la realidad es dolor y traumas; y la única manera de sobrevivir, en ese momento, sin que tu cerebro se colapse, es convencerte a ti misma y a los que te rodean que eso es lo que quieres, que te da una sensación de poder y control sobre lo que ocurre y sobre tu cuerpo. Esto, por supuesto, no se aplica a las supervivientes de la trata y/o a aquellas que trabajan para proxenetas violentos, ya que no tienen la libertad o la seguridad para admitir libremente el dolor y su falta de libre elección; así como el aumento de la necesidad de la disonancia cognitiva para sobrevivir ese sentimiento de estar atrapadas y ser incapaces de escapar. Para la mayoría de nosotras, todo eso se viene abajo con el tiempo, e incluso me atrevería a apostar que un buen número de mujeres dentro de ese 8% experimenta una severa disonancia cognitiva y por lo tanto incluirlas dentro de ese 8% puede que no sea del todo correcto.

Incluso, incluso, si el 100% de las personas que participan en la industria del sexo tuvieran poder, fueran felices y hubieran hecho esa "elección" (la de entrar), incluso en ese escenario nos encontraríamos con problemas que deberían tenernos muy preocupados. Una vez más, repito que el consentimiento no puede ser comprado. Una vez más, repito que es una industria basada en la objetificación, sexualización, infantilización y fetichización del cuerpo de las mujeres y el de les niñes. Es una industria manejada por y para hombres misóginos y violentos que comercializan con el cuerpo femenino, que se benefician de la violación y el abuso de mujeres.

Y las consecuencias de la industria del sexo no están directamente limitadas a mujeres y niñes involucrados. Es una piedra angular de la cultura de la violación. Cuando los hombres jóvenes ven pornografía; están constantemente interiorizando esa percepción sobre el sexo, sobre las mujeres y el consentimiento en sus vidas. Las mujeres jóvenes están siento violadas y manipuladas de forma coercitiva por sus compañeros (y por hombres mayores) con el fin de que se comporten como las mujeres del porno. Las mujeres jóvenes (y las mayores) sienten la necesidad de depilar su vello púbico, de someterse a vaginoplastias (para adelgazar el canal vaginal y aumentar la sensibilidad) o a "labiaplasty/labioplastias" (para cambiar el tamaño y la forma de sus labios menores o sus labios mayores para tener "una vagina de porno" perfecta), de aumentar su pecho, de perder peso, de hacer que sus cuerpos parezcan más juveniles... Las mujeres jóvenes (y las mayores) son "animadas" y manipuladas para que acepten consentir actos sexuales peligrosos y dañinos (por ejemplo, el sexo anal[3] y los actos de BDSM), que las conducen a lesiones, algunas de ellas de larga duración, y a una manera "consensuada" de golpear, abusar y herir a mujeres; y no hay nada, nada, que ninguna persona pro-kink me pueda decir que me haga creer que dar palizas a mujeres es aceptable y que no está basado en las necesidades violentas y misóginas de los hombres. Las mujeres jóvenes llegan a comprar ropa para que (ellos) las consideren estrellas del porno, putas, sexy; son capaces de comprar prendas y disfraces que están diseñados exclusivamente para sexualizarlas. Las mujeres jóvenes se ven obligadas a enviar nudes  y vídeos a los hombres, los cuales son en muchas ocasiones utilizados como venganza pornográfica o enviados a otros hombres.

Los hombres terminan creyendo que con el nivel de persuasión adecuado, las mujeres harán lo que sea por ellos, especialmente si son mujeres de color, mujeres con una enfermedad mental o adictas. Con el aumento del BDSM en la pornografía, el aumento de pornografía donde la mujer está dormida o drogada, de la pornografía donde la mujer lleva un uniforme escolar y está severamente infantilizada, de la pornografía donde el consentimiento se negocia, de la pornografía donde dos lesbianas deciden de repente que se quieren acostar con un hombre, de la pornografía donde... ¿de verdad tengo que seguir? Esto nos afecta a todas, toda mujer se ve afectada por la industria del sexo, mujeres o niñas, sin excepciones.

No es que la mayoría de los consumidores base sean misóginos, lo es cada hombre que paga para violar mujeres y niñes, que consume pornografía en la que están siendo violadas mujeres y niñes. No hay excepción. La totalidad de la industria está basada en la sexualización del cuerpo de las mujeres, está basada en el beneficio y el consumo de la violencia perpetuada hacia los cuerpos de las mujeres y eso es misógino por inherencia.

Vuelvo a mi último punto:
El porno no es ético, sigue basándose en violar, torturar, deshumanizar y objetificar a las mujeres y a les niñes.

[1] Leon Festinger postuló la teoría de la disonancia cognitiva, según ésta cuando tenemos pensamientos contrapuestos o contradictorios entre sí nos produce un malestar psicológico, y para evitarlo ponemos en marcha mecanismos para hacernos volver a la coherencia y resolver nuestras propias discrepancias.
[2] Fuente
[3] El sexo anal practicado de forma correcta y segura no supone ningún peligro ni acarrea ningún daño. Sin embargo, en la pornografía, es habitual que este tipo de penetración no se lleve a cabo con las medidas necesarias para garantizar la seguridad de las personas que la practican; y esa es la situación que se denuncia en el texto.
Vía: transgendertrender
Traducción: californiassays

En cuanto a palabras de moda usadas por la política trans, "cisgénero" es una de las más usadas, abusadas y mal empleadas que hay. El significado de la palabra se ha ido desvaneciendo hasta convertirse en una idea intangible, reduciéndose a una metáfora a mano para tapar las bocas de todos aquellos que se oponen al pensamiento del grupo transgénero.


La definición "oficial" es la siguiente:

Cisgénero: Denomina o está relacionado con una persona cuya identidad propia se conforma con el género que le corresponde a su sexo biológico; no transgénero.

Bajo esta definición, yo no soy "cis", pero eso no impide que los activistas transgénero me etiqueten como tal, simplemente porque no me "siento" o me "identifico" como trans, independientemente de que mi apariencia física no es conforme con el género que le corresponde a mi sexo biológico.

Yo soy un hombre porque soy un macho adulto que comparte experiencias similares con otros machos en la sociedad. Me refiero a mí mismo de esta manera para diferenciar mi educación, mis privilegios y mis experiencias, de la parte femenina. Sin embargo, no me siento cómodo ocupando y realizando los roles de género asociados a mi sexo, por lo tanto, no soy "cis". Pero solo porque no sea "cis" no quiere decir que de repente soy "trans", del mismo modo que al no ser un hombre no soy de repente una mujer.

La falacia del concepto "cisgénero" existe puramente como resultado de los restrictivos roles de género - siendo la misma restricción de la que las personas transgénero buscan escapar "identificándose" como transgénero- que categoriza a las personas como "eso" o "esto" en vez de admitir a todo el mundo por igual independientemente de su sexo, en vez de tener total libertad para experimentar la vida sin etiquetas de género innecesarias. Si el género no existiera, no habría gente transgénero ni gente "cisgénero".

Una persona normal no se siente cómoda ocupando y realizando los roles de género que corresponden a su sexo. Pensar que los hombres disfrutan de ser estoicos, violentos y masculinos mientras que las mujeres disfrutan siendo sumisas, cuidadoras y femeninas es completamente ridículo. En la vida real, muchas personas no son "cis" según la definición dada anteriormente.  La razón por la que hay tantas personas transgénero es porque hay un entendimiento universal, inconsciente, de que los roles de género están obsoletos, son restrictivos y no deseados; pero en lo que nos hemos equivocado es en llegar a la conclusión de que la solución es conformarnos con el género contrario en vez de que con el que nos asignaron. El problema es el género en si mismo, y la solución es desmantelarlo.
Traducción: naiaraboreal
Transcripción: ascodepatriarcado

Mi comprensión sobre feminismo radical es inseparable del tiempo que pasé como trabajadora sexual. Sinceramente, si no hubiese estado en la industria cuando empecé a aprender sobre feminismo radical, se me habría hecho mucho más difícil entenderlo. Pero habiéndote enfrentado diariamente con hombres que compran sexo, ves la misoginia por lo que realmente es.
Ves abuso y violación tan a menudo, que casi paras de contarlo como tal. La gente desaparece y nunca sabes qué les pasa. Todas, TODAS, cargan con el peso de traumas, historias que se comparten cuando estáis borrachas en la parte de atrás de cualquier bar sobre maridos maltratadores y padres incestuosos. Los cuerpos de las mujeres cuentan sus historias, cicatrices de autolesiones y moratones, narices que moquean y quemaduras de cigarrillos y rodillas que crujen cuando se ponen en pie.

Fue la industria del sexo la que me enseñó lo que hacen los hombres a las mujeres, de una manera que no podría comprender, explicar o ignorar. Aquí fue cuando me di cuenta de que el “empoderamiento” es una meta sin sentido. Vi tan clara la hipocresía en el movimiento pro-sex. “¡Muchas mujeres se sienten empoderadas con el trabajo sexual!” ¿De verdad? ¿dónde están? Porque lo que yo veo es a mujeres cuyo valor está dictado por las opiniones de hombres sobre ellas, porque si no les gustan, dejan de comer.

Y si algunas de verdad se encuentran empoderadas por ello, ¿cómo ayuda esto a la madre soltera que tiene que hacer 3 sesiones en un club de stripteases para dar de comer a sus hijos? ¿cómo de empoderada está ella? Podría escribir sobre como el trabajo sexual es exactamente lo opuesto a empoderante toda la noche, pero estaría hablando solo para aquellas que están convencidas, y las que necesitan escucharlo no quieren.

La abolición de esta industria es la parte más importante del feminismo radical, desde mi punto de vista. Ninguna mujer se merece vivir así.
Escrito originalmente por Rebecca Reilly-Cooper.
Traducido al castellano anónimamente. Texto extraído de http://sexoygenero.com

19. Aunque todo el mundo experimenta cierto nivel de malestar e incomodidad al vivir bajo las restricciones del género, algunas personas lo experimentan de una forma especialmente intensa y aguda, hasta el punto de que no pueden tolerar vivir con los roles de género asociados a su sexo biológico. Además, un pequeño porcentaje de personas experimenta lo que se suele llamar disforia de género, aunque sería más preciso llamarlo disforia sexual odismorfia sexual, dado que es una forma de angustia y malestar intensos causados por la experiencia de vivir en sus cuerpos sexuados. Aunque el sexo biológico es inmutable, pues reside en nuestros cromosomas y se expresa en características anatómicas y físicas, es posible para una persona con disforia someterse a un tratamiento para hacer que su cuerpo se parezca más al de una persona del sexo opuesto, y que les permita vivir más fácilmente en el rol de género asignado al otro sexo.
20. Mientras que la etiqueta “hembra” se refiere a una categoría biológica, de la que se es miembro desde el nacimiento y es inalterable, la etiqueta “mujer” se refiere a una categoría social. Ser una mujer no es tanto un asunto de tener biología femenina como de ser leída como una persona que posee dicha biología, y ser tratada de forma acorde. Lo que significa pertenecer a la clase social “mujer” es el ser leída por otros como hembra, y recibir el trato acorde a las normas de género que prescriben una feminidad pasiva y sumisión a los miembros del sexo femenino. La inmensa mayoría de las personas que ocupan esta clase lo hacen porque tienen una biología femenina (de hembra) y por tanto han sido incluidas en dicha categoría desde el nacimiento, a través de un proceso de socialización en el género. Sin embargo, dado que “mujer” es una categoría social y no biológica, es posible para una persona biológicamente masculina (macho) hacer la transición al papel de mujer, o, como es el caso de estas mujeres con biología masculina que padecen el Síndrome de insensibilidad a los andrógenos, ser socializada y tratada como una mujer desde el nacimiento:
Estas personas poseen biología masculina; sin embargo, parece incorrecto llamarlas hombres, dado que serán socialmente leídas y tratadas como mujeres
Estas personas poseen biología masculina; sin embargo, parece incorrecto llamarlas hombres, dado que serán socialmente leídas y tratadas como mujeres
Dado que ser una mujer es principalmente una cuestión de ser leída y tratada como hembra, es posible para una persona nacida con biología masculina someterse a un proceso de transición, al final del cual será leída y tratada como hembra, y por tanto será una mujer. Esto puede involucrar o no tratamiento médico en la forma de tratamiento hormonal y cirugía. Pero lo que será necesariamente es un proceso de transición social, que involucrará entre otras cosas enfrentarse y lidiar con el privilegio que resulta de ser criado como macho y vivir como tal durante un período de tiempo. Lo que ese proceso implica y cuán largo es son preguntas difíciles y complejas que varían en cada caso, y no hay una respuesta sencilla y universal. Pero una vez que dicho proceso se ha completado, esas personas ocupan la categoría de mujer trans, y es apropiado y respetuoso referirse a ella utilizando pronombres femeninos.
21. Aunque es posible hacer la transición al papel de mujer, esto no puede conseguirse con un simple acto de voluntad o una declaración performativa. El simple acto de “identificarse como mujer”, sentir que uno es mujer, creer que uno es mujer o declarar “Soy una mujer”, por sí mismos son insuficientes para convertir a alguien en una mujer. Ser una mujer es ocupar un rol social y ser vista por otros como alguien dentro de ese rol, y por tanto ningún estado mental subjetivo es suficiente para hacer a alguien mujer; convertirse en una mujer no es cuestión simplemente de “identificarse como mujer”. Si te llamas Simon [nombre masculino en inglés] y “te presentas como macho”, entonces el mero hecho de que te identifiques como mujer, que presumiblemente significa simplemente que tienes una especie de sentimiento o creencia en tu mente, no tiene ninguna relación en cómo los demás te ven, y por tanto seguirás siendo tratado con el respeto y la deferencia que normalmente se muestra a los hombres.
Dos hombres se alegran de que su partido político sea tan progresista que deje hablar a los hombres durante el turno de palabra de las mujeres
Dos hombres se alegran de que su partido político sea tan progresista que deje hablar a los hombres durante el turno de palabra de las mujeres
22. Ha habido dentro de la izquierda un cambio general desde la política basada en clases y los análisis de opresión estructural hacia unas políticas individualistas cuyas demandas primarias son el reconocimiento y la validación de identidades. En conjunto con este cambio, el discurso reciente sobre los asuntos trans ha dejado atrás el lenguaje de la transexualidad, que definía a las personas transexuales en términos de la experimentación de disforia, para abrazar la idea de personas transgénero, que se definen en función de su “identidad de género”. Esto aumenta significativamente la categoría de personas que se refieren a sí mismas como trans. Muchas de las personas que se definen como trans pueden no experimentar ningún tipo de disforia, pueden no tener ningún deseo de cambiar su cuerpo de manera alguna, y pueden no tener intención de pasar por el proceso de transición para vivir en el rol de género asociado al sexo opuesto. Esto significa que ser trans ahora es completamente un asunto de auto-definición y auto-identificación.
23. La “identidad de género” se define habitualmente como “el sentimiento personal e interno de alguien de ser hombre o mujer”, o “el sentimiento privado y la experiencia subjetiva de alguien acerca de su propio género”. Estas definiciones son vagas y poco claras, así que no es fácil entender exactamente qué es lo que propone al hablar de identidad de género. Una característica crucial de la identidad de género, tal y como expresan sus proponentes, es que es completamente independiente tanto del sexo biológico como de la socialización dentro del género. Así que lo que se afirma es que las personas tienen un sentimiento interno y personal sobre ser hombre o mujer (o algo completamente diferente –más acerca de esto en el punto 29), que es independiente de, y puede explicarse sin recurrir a, los cuerpos físicos que dichas personas habitan y la experiencia de ser leído socialmente y tratado como una persona con dicho cuerpo. Esto es lo que explica que alguien pueda identificarse como mujer a pesar de tener un cuerpo biológicamente masculino, y a pesar de haber sido criado como macho y de haber vivido como un hombre. Si eres transgénero, entonces tu “identidad de género difiere del género que se asocia típicamente con el sexo que se te asignó al nacer”. Se afirma que todo el mundo tiene una identidad de género, así que si no eres trans, entonces eres cisgénero, que significa que tu identidad de género se encuentra en sintonía con el sexo que se asignó al nacer. (He escrito en otro sitio acerca demi incomodidad con la etiqueta cisgénero [enlace en español], que siento que no me describe con precisión ni a mí ni a otras mujeres que conozco).
24. Dada la naturaleza libre e independiente de la identidad de género, es difícil saber a qué propiedad o estado mental se refiere. Si por “identidad de género” nos referimos a un sentimiento intenso o a una convicción de que la personalidad de alguien, sus preferencias y disposiciones se alinean más con las normas de género impuestas sobre un sexo que con las del otro, de tal forma que esa persona puede sobrevivir y prosperar más cómodamente en dicho rol de género, entonces es plausible creer que todo el mundo tiene una identidad de género. Sin embargo, el término se usa generalmente de formas que sugieren algo mucho más profundo y fundamental que esto. La identidad de género parece ser una propiedad o esencia casi metafísica que está fija, inmutable, y que no puede ser desafiada. La identidad de género que un individuo profesa es una parte esencial y sacrosanta de su identidad, y debe creerse y respetarse sin más preguntas.
25. Esta noción de “identidad de género como esencia” tiene implicaciones problemáticas. La falta de claridad acerca de qué propiedad es, y su naturaleza inherentemente subjetiva, significan que la doctrina de la identidad de género se vuelve infalsable. Proponer la existencia de una identidad de género es por tanto equivalente a proponer la existencia delalma o de otra entidad no material cuya existencia no puede ser probada o examinada. Si queremos evitar esta implicación, la única opción es proponer la realidad objetiva de la identidad de género e intentar buscar su base material. Y entonces nos acercamos peligrosamente a postular la existencia de cerebros con género, y sugerir que las personas pueden nacer con el cerebro de un sexo y las características sexuales primarias y secundarias del otro. No estoy cualificada para afirmar la validez de dichas afirmaciones, al no tener formación científica y saber muy poco de neurociencia. Pero las feministas llevan mucho tiempo siendo escépticas respecto a cualquier intento de demostrar que el género es algo natural, puesto que dichos argumentos se utilizan frecuentemente para justificar la subordinación política y social de las mujeres. Además, esta definición de la identidad de género no sólo necesitaría de la existencia de los “cerebros masculinos” y los “cerebros femeninos”; también requeriría alguna explicación creíble de cómo el sexo del cerebro y el de los órganos reproductores del cuerpo pueden no coincidir. (Reconozco mis limitaciones científicas aquí, pero como cualquier buena feminista, recomiendo a aquellos que estén inclinados a creer en la existencia de los cerebros con género leer Delusions of Gender, de Cordelia Fine).
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26. Si tomamos la identidad de género auto-declarada de un individuo como la única condición necesaria y suficiente para pertenecer a un género, el resultado es que la palabra “mujer” se queda reducida a un estado mental subjetivo, a un sentimiento en la cabeza de una persona. La única respuesta a la pregunta “¿Qué es una mujer?” se convierte en “Una persona que se siente mujer”. Pero esto es una definición circular que no nos dice nada acerca de lo que es una mujer. El propósito del lenguaje es el de transmitir significados sociales compartidos. Si una palabra significa algo diferente para cada persona que la usa, y no pueden explicar a los demás qué quieren decir cuando usan esa palabra, entonces no significa nada. Si la palabra mujer se define como “alguien que cree que es una mujer”, entonces la palabra mujer pierde su significado, y no puede ser usada para nombrar nada. Las implicaciones políticas son que la mujer como clase desaparece.
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Las palabras tienen significado. El lenguaje cumple la función social de comunicar esos significados
Esto nos lleva a conclusiones absurdas y profundamente objetables, como la de Simon en la imagen del punto 21, en la que alguien criado como macho, viviendo como un macho y presentándose a la sociedad como un macho –en otras palabras, un hombre– puede de repente insistir en que es una mujer y que se le permita hablar en lugar y en nombre de aquellas personas que han vivido y socializado como mujeres desde el nacimiento. Al insistir en que una mujer no es más que un sentimiento en la cabeza de alguien, la idea de identidad de género borra e invalida las experiencias tanto de las mujeres con biología femenina como de las mujeres transexuales. Ambos grupos deben resistirse a la idea de que ser mujer no es más que un estado mental, un sentimiento en la cabeza de alguien, demostrado tan sólo por una afirmación performativa, porque dicha posición tiene el efecto de erradicar la existencia de las mujeres.
27. El hecho de que sea posible moverse de un grupo social al otro es en sí mismo prueba de que el individuo está experimentando un proceso de transición, pasando de pertenecer de uno de los grupos a otro. No es algo que ocurra de forma instantánea, mediante un simple acto de voluntad, y no tiene efecto retroactivo: que una persona decida embarcarse en el proceso de transición no significa que “siempre haya sido una mujer”. No tiene sentido decir que alguien que decide hacer la transición a vivir como una mujer tras vivir un cierto número de años como un hombre ha “sido siempre una mujer”; si eso fuera verdad, no habría habido ningún motivo para proceder a una transición social o física. Tiene incluso menos sentido afirmar, como se hace con frecuencia, que el cuerpo de una mujer trans posee biología femenina y siempre la ha poseído, simplemente porque su cuerpo es suyo y ella se “identifica” como hembra. Como ya se ha explicado, la palabra “hembra” [y el concepto de “biología femenina”] se refiere a una categoría biológica de la que alguien no puede escapar simplemente identificándose o sometiéndose a una transición. Y además, si el cuerpo de alguien poseyese ya biología femenina, no habría ningún motivo para modificarlo en absoluto. Es la existencia del dimorfismo sexual y las diferencias anatómicas que existen entre los sexos las que crean la necesidad en aquellas personas con disforia de modificar su cuerpo. Las mujeres trans tienen cuerpos con biología masculina, cuerpos que puede que decidan modificar para que se asemejen más a cuerpos con biología femenina. Y las mujeres trans crecieron como niños y a menudo vivieron como hombres, y tendrán que hacer una transición social desde ese papel al de mujer. Es por tanto claramente absurdo, una vez que alguien se declara trans, insistir en que debemos creer que siempre han sido miembros de la clase hacia la que se están moviendo. Si Kellie Maloney, que hizo la transición a los 60 años, siempre había sido una mujer, entonces la palabra mujer pierde su significado, puesto que se refiere literalmente a cualquier cosa a la que alguien quiera que se refiera. Y sus esfuerzos de vivir como una mujer y de ser leída como alguien con biología femenina se vuelven incomprensibles, porque serían innecesarios.
28. Para aquellos que apoyan la idea de la identidad de género –a diferencia del análisis radical de género– el género no es inherentemente opresivo. Mientras que las feministas radicales consideran que el género es inherentemente opresivo porque es un sistema que encarna una jerarquía que sitúa a los machos sobre las hembras, a los hombres sobre las mujeres, a lo masculino sobre lo femenino, para los defensores de la identidad de género no hay nada opresivo o restrictivo acerca de las normas de género por sí mismas. Por tanto se resisten a la crítica del feminismo radical hacia la feminidad como una forma de sumisión y subordinación, porque la persona que cree que posee una identidad de género femenina puede disfrutar actuando y performando la feminidad, y por tanto le molesta que le digan que es una expresión de debilidad y pasividad.
29. Para muchas aquellas personas que apoyan la idea de la identidad de género, lo opresivo del género no es que sea una jerarquía, es que sea binario. Una vez que separas la noción de “identidad de género” tanto del sexo biológico como de la socialización dentro de un género, no hay en principio ninguna razón para limitar el número géneros que pueden existir a simplemente dos. De ahí viene la frase escuchada a menudo de que “el género no es un binario, es un espectro”, y la emergencia de individuos que se identifican como “no binarios” o “género fluidos”, algunos de los cuales afirman experimentar “turnos como hombre” y “turnos como mujer”. Ahora tenemos cincuenta y seis géneros diferentes reconocidos por Facebook, aunque si te dedicas a vagar por Tumblr encontrarás muchos, muchos más, junto con todo un abanico de pronombres especiales. La pregunta lógica que cabe preguntar a quienes defienden la identidad de género como un espectro es: ¿cuántos géneros habría que reconocer para no ser opresivos? Y la única respuesta consistente que se puede dar a esa pregunta es: siete mil millones. Tendríamos que reconocer que cada individuo tiene su propia y única identidad de género. Pero si hay siete mil millones de géneros diferentes, uno por cada uno de nosotros, entonces no se ve muy claro que llamar a esto “género” tenga algún tipo de sentido, o nos ayude a entender algo. El género es un sistema que vincula ciertas características personales y comportamientos que se consideran deseables a la función reproductiva. En cuanto separamos estas características, comportamientos y apariencias del sexo biológico, lo que nos queda es simplemente la personalidad humana, en toda su variedad y complejidad. Por este motivo, todas nosotras somos no binarias. Nadie es un estereotipo de género andante. El género no es simplemente el nombre que le damos a un conjunto de gustos, preferencias y disposiciones que un individuo resulta tener. Es un sistema que ata la biología a la personalidad y al comportamiento, y que pone a las personas en cajas rosas y azules de acuerdo al conjunto de genitales que posean. La solución no es crear muchas cajas más, ni permitir que algunos individuos especiales no binarios puedan ser revolucionarios del género y puedan moverse entre las distintas cajas a voluntad, mientras que el resto debemos quedarnos dentro de ellas y nos dicen que es porque nos gusta. La solución es librarnos de las cajas –abolir el género de una vez por todas.
El género no es simplemente otra palabra para “personalidad”; es un sistema que vincula la personalidad a la función reproductiva
El género no es simplemente otra palabra para “personalidad”; es un sistema que vincula la personalidad a la función reproductiva
Escrito originalmente por Rebecca Reilly-Cooper.
Traducido al castellano anónimamente. Texto extraído de http://sexoygenero.com

10. La opresión vinculada al sexo comienza en el nacimiento, mediante la imposición social del género. El género es la etiqueta que las feministas utilizan para describir el sistema de valores que prescribe y proscribe comportamientos y apariencias a los miembros de las diferentes clases sexuales, y asigna un valor superior a una clase sexual a expensas de la otra. (Es un enlace al mismo post que dije antes que añadieses a marcadores. De verdad que quiero que lo leas).
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Bodies para bebés (“Listo como papá”, “Guapa como mamá”). El condicionamiento del género comienza en el nacimiento.
11. La socialización dentro de un género es un proceso vitalicio de inculcación del rol de género que le corresponde a tu sexo. Empieza en el nacimiento, se impone y lo reforzamos consciente e inconscientemente todas y todos, en un abanico de aspectos diferentes, grandes y pequeños, y refuerza ciertos comportamientos que se consideran deseables para los miembros de las diferentes clases sexuales a la vez que previene los que se consideran indeseables. A esto se refería Simone de Beauvoir cuando nos dijo que “una no nace mujer, sino que se hace mujer”. Ocupar la posición de mujer es ser socializada a lo largo de toda una vida en la pertenencia a una clase sexual inferior. El género prescribe sumisión,debilidad y pasividad como características deseables en las hembras, y dominaciónpoderagresividad como características deseables en los machos.
Las niñas deben ser guapas y pasivas (título del libro de la izquierda: “Cómo ser preciosa. Maneras ingeniosas de verse y sentirse fabulosa”); los niños deben ser listos y activos (título del libro de la derecha: “Cómo ser inteligente. Maneras ingeniosas de volverte más listo”).
Las niñas deben ser guapas y pasivas (título del libro de la izquierda: “Cómo ser preciosa. Maneras ingeniosas de verse y sentirse fabulosa”); los niños deben ser listos y activos (título del libro de la derecha: “Cómo ser inteligente. Maneras ingeniosas de volverte más listo”).
12. La forma en la que el género se expresa varía de acuerdo a la cultura y al contexto, así que en diferentes épocas y lugares se han impuesto diferentes normas de apariencia y comportamiento para los machos y las hembras. Pero la idea que subyace es la misma: las hembras deben representar el género de forma que demuestren su inferioridad y sumisión; los machos deben representar el género de forma que demuestren su superioridad y dominación. La función de este sistema de opresión es hacer parecer la debilidad femenina y su dependencia de los machos como algo natural e inevitable, y facilitar por tanto la explotación por parte de los machos del trabajo emocional, sexual, doméstico y reproductivo de las hembras.
13. Es la capacidad reproductora que se percibe, no la capacidad reproductora real, la que determina la clase social a la que se te asignará, y por tanto la forma que tomará tu socialización dentro del género y la opresión que experimentarás. No importa si en realidad eres infértil, y por tanto incapaz de realizar la función reproductiva de tu sexo. Tampoco importa si quieres realizar esa función o no. El dimorfismo sexual significa que se te leerá socialmente como perteneciente a una u otra clase sexual, y por tanto te someterán a una socialización de género, y a unos castigos por no cumplir el papel que se espera de tu sexo. Las mujeres entre la veintena y la treintena sufrirán discriminación laboral debido a su potencial aparente de ser madres, incluso si no pueden concebir o no tienen deseo de hacerlo.
14. Es muy importante entender que la socialización en un género y la opresión de géneroocurren independientemente de cómo el individuo se sienta respecto a su identidad. Las injusticias que se infligen sobre las niñas no ocurren porque esos individuos sepan que son mujeres y piensen sobre sí mismas como tales. Ocurren porque esas niñas habitan cuerpos femeninos, y por tanto se las coloca en una clase sexual inferior al nacer. Negar este hecho no implica sólo no comprender cómo funciona el género; también implica colaborar en una forma de culpabilización de las víctimas, en la que las niñas y mujeres que sufren violencia y opresión basadas en el género parecen haberse identificado con esa posición social subordinada, y reconocen y apoyan su propia inferioridad y sumisión.
15. Muchos individuos de ambos sexos se encuentran incómodos dentro de las restricciones que el género les impone. Les ocurre a todas las mujeres que se denominan feministas. La razón por la que acudimos al feminismo es porque sentimos que el género es una jerarquía opresiva que limita nuestro potencial, y queremos liberarnos de las exigencias defeminidad, que es simplemente la expresión de sumisión femenina. De forma similar, muchos hombres se encuentran incómodos dentro de las normas de la masculinidad, que requieren una expresión de dominación, a menudo en la forma de agresiones y violencia. Los machos que encuentran la masculinidad dolorosa e intolerable, y que deciden rebelarse contra ella se enfrentan a prejuicios y discriminación, y deberíamos querer acabar con esto. Pero merece la pena recordar que el género castiga a las mujeres, quieran cumplir con sus condiciones o no. La no-conformidad (no amoldarse al papel esperado) se castiga y se sanciona socialmente para ambos sexos, pero para las hembras la conformidad es también una forma de castigo, dado que cumplir con la feminidad es en sí mismo sumisión y subordinación.
16. El grado de angustia y malestar que los individuos experimentan al intentar amoldarse a las normas de género apropiadas varía entre las diferentes personas. Hay muy pocas personas, si es que acaso existe alguna, que se adhieran perfectamente a los ideales de género prescritos a su sexo. Todas hacemos concesiones para sobrevivir y para florecer lo mejor que podamos bajo las restricciones que el género nos impone. Todas reforzamos activamente algunas partes, aceptamos pasivamente otras y nos rebelamos ciertamente contra otras, y el equilibrio que finalmente alcanzamos es una cuestión personal e individual. Aunque deberíamos estar preparadas para examinar críticamente y reflexionar acerca de nuestras opciones, y para inspeccionar nuestra complicidad en la perpetuación del género, no se puede culpar a ningún individuo por las decisiones que toma de cara a poder sobrevivir bajo un sistema opresor.
17. Querer abolir los efectos opresivos y limitadores del género no significa que las feministas radicales queramos evitar que la gente exprese su personalidad de la forma que más le guste. Las feministas no queremos abolir el maquillaje o los tacones, o prohibir a las niñas jugar con muñecas y vestirse de princesas. Todo lo que las feministas queremos es separar todo esto de la capacidad reproductora aparente, para que las niñas y los niños, mujeres y hombres, se puedan vestir como gusten, jugar con los juguetes que quieran, realizar los trabajos que deseen. Las mujeres y los hombres serían libres de desarrollar sus capacidades y alcanzar todo su potencial, libres de las imposiciones restrictivas de las poderosas normas sociales que prescriben sumisión y pasividad a las hembras y dominancia y agresividad a los machos. El mundo ideal sería uno en el que la capacidad reproductiva aparente de cada persona tuviese tan poco que ver con el trato social que se le da y los logros que se esperan de ella como tienen a día de hoy el grupo sanguíneo o si es zurda o diestra.
18. Las elecciones que los individuos toman acerca de su comportamiento, sus gustos y preferencias acerca de los vestidos y las apariencias, y cómo decidan expresar esa personalidad, son independientes del sexo biológico, y –evidentemente– no tienen ninguna influencia en él. Las personas se pueden vestir como quieran, comportase como elijan, modificar su cuerpo de la forma que deseen, siempre y cuando estas elecciones no hieran a otras personas que no consientan. Esto debe alentarse, y es de hecho una parte importante del proyecto de liberación de los humanos de las opresivas restricciones del género. Peronada de esto altera el hecho biológico subyacente de su biología femenina o masculina. Cuántas normas de género se desafíen y modifiquen no hará hembra a una persona macho, porque ser hembra sólo significa pertenecer a la clase de humanos que son capaces de gestar un bebé. Desafiar y jugar con las normas de género a la hora de presentarse y comportarse, para parecer andrógino, es una herramienta válida y útil para desmontar las estructuras del género; pero por sí solas nunca podrán liberar a las hembras de las opresiones que vienen por vivir en un cuerpo femenino. No puedes escaparte de una opresión que tiene una base material a base de auto-identificación.
Escrito originalmente por Rebecca Reilly-Cooper.
Traducido al castellano anónimamente. Texto extraído de http://sexoygenero.com


1. Los humanos, como la inmensa mayoría de las especies, se reproducen sexualmente. Esto significa que la reproducción de nuestra especie se consigue a través de la fusión de un gameto femenino con uno masculino para producir un nuevo organismo. En los casos normales, el organismo producido será inequívocamente macho o hembra, y producirá los gametos apropiados para el propósito de la reproducción sexual.

2. Las categorías de macho y hembra son por tanto categorías biológicas generales que se aplican a todas las especies que se reproducen sexualmente. Los humanos no son especiales en este sentido. Así como el lenguaje que se utilice para describir estos hechos biológicos y el valor que les demos serán moldeados por la cultura, los hechos en sí existen independientemente de la cultura o de cómo sean entendidos socialmente. Las hembras continuarán produciendo gametos grandes e inmóviles (óvulos) y los machos seguirán produciendo gametos pequeños y móviles (espermatozoides), tengamos o no un lenguaje para describirlo.



Gameto grande e inmóvil = hembra. Gameto pequeño y móvil = macho

3. Los humanos, como la mayoría de las especies y la totalidad de los mamíferos, poseen dimorfismo sexual. Esto significa que los organismos hembra y macho de la misma especie son diferenciables, debido a diferencias anatómicas y fisiológicas: sus características sexuales primarias y secundarias. En las hembras humanas, los niveles relativamente más altos de estrógenos estimularán el desarrollo de la vulva, vagina, ovarios, útero, pechos, y una serie de otros marcadores fisiológicos. En los humanos macho, los niveles relativamente más altos de testosterona estimularán el desarrollo del pene y los testículos, la agravación de la voz y el crecimiento de vello facial en la pubertad, y una serie de otros marcadores fisiológicos. De nuevo: los humanos no son especiales en este aspecto. Así como el lenguaje que se utilice para describir estos hechos biológicos y el valor que le demos a éstos serán moldeados por la cultura, los hechos en sí existen independientemente de la cultura o de cómo sean entendidos socialmente. Tengamos o no un lenguaje para describirlo, las hembras continuarán desarrollando las mamas y menstruarán al alcanzar la pubertad.

4. Como se mencionó en el punto 1, en los casos normales, el individuo que resulta de la reproducción humana es inequívocamente hembra o macho y fácilmente reconocible como tal, como resultado de los órganos sexuales visibles que se desarrollan en el útero. En un porcentaje pequeño de casos, el individuo es intersexual. Esto significa que las características que muestra son tales que no es posible hacer una clasificación sencilla de macho o hembra. Aunque es difícil determinar con seguridad la prevalencia de la condición intersexual, debido a que existe una serie de diferentes factores biológicos que pueden causarla, se estima que en torno a uno de cada 2000 bebés nacerá visiblemente intersexual. El hecho de que algunos humanos sean intersexuales no afecta en absoluto a la realidad del dimorfismo sexual, de la misma forma que el hecho de que algunos humanos nazcan sin miembros inferiores no afecta al hecho de que los humanos sean bípedos.

5. En todos esos casos en los que la cría es de forma inequívoca macho o hembra, el sexo biológico se reconoce al nacimiento: a las hembras se las llama niñas y a los machos niños. Identificar de forma correcta los genitales que un individuo posee y por tanto el sexo biológico al que pertenecen no es una cuestión de asignar un género a la criatura; es simplemente reconocer los hechos biológicos y darles la etiqueta biológica correcta. Tengamos o no un lenguaje para describirlo, las hembras y los machos humanos seguirán existiendo. Seguirán naciendo criaturas con vulva y criaturas con pene y testículos, los llamemos o no “niñas” y “niños” (y nos refiramos a esos órganos con esas etiquetas o no. Un pene es un órgano anatómicamente diferente a un clítoris, sin importar cómo lo llames).



Si orinas por él, no es un clítoris. Denominar a tu pene “clítoris grande” no lo hace parte de la biología femenina

6. Para resumir los puntos 1-5: a pesar de la existencia de algunos casos poco frecuentes que se desvían de la norma, la inmensa mayoría de los humanos posee características anatómicas de uno de los dos sexos. Estas características determinan la función reproductora que el individuo puede realizar. En biología se utilizan las etiquetas “hembra” y “macho” para referirse a estas clases sexuales. Tanto si mantenemos estas etiquetas como si dejamos que signifiquen otras cosas y perdemos el lenguaje para describir estos hechos biológicos básicos, tales hechos permanecerán. Todo ser humano que ha existido ha sido creado mediante este mecanismo, y requirió un trabajo reproductivo arduo y peligroso por parte de sus madres.

7. No hay nada remotamente opresivo o injusto en identificar correctamente el sexo biológico de una criatura en base a sus genitales, e identificar por tanto su potencial papel reproductivo. Tampoco hay nada esencialista o determinista en esta clasificación. Reconocer que debido a una base biológica sólo la mitad de nuestra especie es potencialmente capaz de concebir y gestar vida ni reduce a esas personas a esa función reproductiva ni la presenta como obligatoria. Sin embargo, negar estos hechos biológicos básicos convierte a la biología femenina en algo de lo que no se puede hablar, lo que hace que sea imposible analizar y describir la opresión que acompaña el vivir en un cuerpo femenino (las violaciones y la violencia sexual, la falta de acceso a anticonceptivos y al aborto, falta de atención a la maternidad, derechos laborales relacionados con la maternidad, la falta de inversión e investigación de enfermedades y dolencias femeninas…).

8. La opresión a las mujeres tiene sus raíces históricas y su justificación aparente en la biología femenina y en la explotación del trabajo reproductivo femenino. Alterar la definición de la palabra “hembra” para que ahora signifique “cualquier persona que crea que es hembra” no sólo es incoherente desde un punto de vista conceptual (más acerca de esto luego); también elimina la posibilidad de analizar la estructura de opresión de las hembras (personas con biología femenina) como clase, erradicando la terminología que utilizamos para describir la condición material de nuestra existencia (Añade ese enlace a favoritos si hace falta, pero léelo. Léelo más de una vez, idealmente. Merece la pena).

9. Además, para aquellos individuos que sienten que tendrían que haber nacido hembras pero no lo hicieron, alterar la definición de la palabra para que también les incluya sólo trae un alivio temporal de su sufrimiento. No es la existencia de las palabras “macho” y “hembra” lo que las personas con disforia encuentran angustioso. Es la realidad biológica que subyace, junto al constructo social de los roles de género que se asocian a los miembros de las clases sexuales, lo que encuentran intolerable. Las palabras “hembra” y “macho” son descriptores neutrales, y no hay nada peyorativo en clasificar a alguien como “macho”. Cualquier tipo de connotación que las palabras “macho” y “hembra” evoquen son causa del constructo social de las normas de género asociadas a los sexos, en la forma de feminidad y masculinidad –el tema de la siguiente sección.